Avance de la IA encarece la tecnología y exhibe el rezago industrial de México
- Poder México
- julio 6, 2026
- Tecnología
- Inteligencia Artificial, México
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Brenda Ocampo
La burbuja de la inteligencia artificial (IA), entendida como el entusiasmo acelerado por invertir, vender y consumir productos ligados a esta tecnología, aún cuando sus beneficios no siempre justifican sus costos, no está cerca de reventar. Al contrario, para Luis Pérez Lezama, director de análisis económico en la consultoría SAVER ThinkLab, este fenómeno todavía puede crecer más y seguir presionando al alza los precios de la tecnología.
“Yo creo que esta burbuja va a crecer más y va a ser un aliciente para las expectativas y para que los precios sigan subiendo. No vemos en SAVER, en general, una reducción de precios a nivel tecnológico. Para nada”, advierte en entrevista.
El impacto ya se observa en productos de uso cotidiano, como teléfonos, computadoras, tarjetas de video y servicios digitales. De acuerdo con Pérez Lezama, el encarecimiento responde tanto a la dependencia de los consumidores hacia estos dispositivos como a su disposición a pagar más por funciones asociadas a la novedad, entre ellas las herramientas de inteligencia artificial integradas en equipos y plataformas.
En ese contexto, el especialista explica que muchos dispositivos ya se venden bajo una lógica de sustitución programada.
“Desde que compras un teléfono, se te dice que tendrá una vida útil de cuatro años, que recibirá ciertas actualizaciones y que después comenzará a saturarse. Esa condición de venta les permite a las empresas anticipar que, en tres o cuatro años, lanzarán un nuevo equipo para sustituir al tuyo”, señala.
Otro factor proviene de la producción de semiconductores. La financiera Morgan Stanley advierte que la creciente demanda de infraestructura para inteligencia artificial ha elevado el precio de los chips de memoria, un fenómeno conocido como “chipflación”.
Según el banco, los fabricantes han dado prioridad a los chips para centros de datos, lo que ha reducido la disponibilidad de los destinados a dispositivos electrónicos.
México se queda en la manufactura ligera
Pérez Lezama explica que la sustitución programada beneficia en gran medida a aquellas economías emergentes que son productoras, exportadoras y ensambladoras de componentes electrónicos, y que, por supuesto, forman parte de la cadena de suministro.
“México, teóricamente, debiera ser parte de ella; sin embargo, no cuenta con una política de apertura ni con una política de inversión extranjera que le permita incorporar más este tipo de empresas, y se quedó atrás en el ensamblaje de lavadoras, computadoras básicas, televisores y autopartes”, explica.
Para el especialista, el país tendría que dejar de ser “un manufacturador ligero” y avanzar hacia corredores de tecnología.
“Somos farmacéuticos, automotrices, madereros y eléctricos, pero no tecnológicos. No tenemos clústeres tecnológicos. Solo hay uno, el C-SOFT de Monterrey, pero no trabaja manufactura”, aclara.
Desde su perspectiva, la posición geográfica de México podría convertirlo en un socio estratégico dentro de la disputa productiva global.
“Los grandes productores y suministradores del mundo son los chinos y los grandes compradores son los norteamericanos”, señala.
Por ello, plantea que el país podría alinearse con las claves de producción chinas para aprovechar su cercanía con Estados Unidos.
No obstante, advierte que México se encuentra “muy distraído” en materia de política empresarial e industrial, pese a que la oportunidad existe. Con una mayor especialización educativa, estima, el país podría sumar “cuatro o cinco puntos del PIB, sin exagerar”.
“Se requiere que exista capacitación técnica, no universitaria; es decir, que tengamos obreros calificados técnicamente”, afirma.
Ahí, explica, el impulso se da a través de instituciones como el Conalep, los CETis y los CBTis, que ofrecen educación técnica y lo han hecho muy bien durante años al capacitar a jóvenes para insertarse en el modelo industrial actual.
Finalmente, el especialista plantea que, en los próximos 25 años, México debe avanzar hacia un modelo con mayor inversión.
El primer paso, dice, sería atraer más capital; el segundo, reconvertir la política industrial para orientarla hacia sectores de mayor tecnología.
A su juicio, aunque el país ya va atrasado, sus condiciones de materia prima, ubicación geográfica y fuerza laboral todavía le dan margen para integrarse a la nueva cadena de suministro tecnológica.



