Dolly Parton convirtió sus canciones en un imperio de turismo, marcas y filantropía

La cantante, fallecida este martes a los 80 años, convirtió el control de su propiedad intelectual en la base de un ecosistema que llegó al turismo, la hotelería, el entretenimiento y el consumo. Paralelamente, construyó una estructura filantrópica que en 2024 movilizó cerca de US$90 millones y cuyo principal programa distribuye actualmente más de 3.5 millones de libros infantiles cada mes.

Por Rocío Novoa Valdebenito

Mucho antes de que el concepto de marca personal fuera la palabra más repetida en LinkedIn, Dolly Parton ya había entendido uno de sus principios centrales: una carrera artística podía generar fama, pero conservar la propiedad de lo creado podía transformarla en patrimonio. La cantante estadounidense, fallecida este martes a los 80 años, deja detrás de su catálogo y sus discos una segunda historia, construida durante seis décadas por derechos musicales, parques temáticos, hoteles, restaurantes y una estructura filantrópica que terminó alcanzando escala internacional.

Una de las decisiones que mejor explica esa trayectoria ocurrió cuando tenía apenas 20 años. En 1966, al terminar su contrato con Combine Music, Parton creó junto con su tío Bill Owens la editorial Owe-Par Publishing Company. La estructura les permitió registrar sus propias composiciones y mantener el control sobre ellas, en una época en que ceder derechos editoriales era una práctica extendida dentro de la industria musical. Parton mantuvo además una participación controladora en la compañía.

Años después, esa estrategia fue puesta a prueba con una de las canciones más importantes de su carrera. Elvis Presley quería grabar “I Will Always Love You”, pero su representante, Colonel Tom Parker, pidió a cambio la mitad de los derechos editoriales. Parton se negó. La Oficina de Copyright de Estados Unidos confirma que la cantante mantuvo la propiedad de la composición, que posteriormente sería reinterpretada por Whitney Houston y se convertiría en un éxito mundial.

La decisión terminó funcionando como una pequeña parábola sobre su manera de hacer negocios. Parton privilegió durante décadas la propiedad de sus activos sobre el beneficio inmediato de asociarlos con un nombre más grande. Para 2025, Forbes calculaba que conservaba un catálogo de más de 3,000 canciones valorado en alrededor de US$120 millones y estimaba su patrimonio en unos US$450 millones.

De una canción a un destino turístico

El otro gran pilar comenzó a tomar forma en 1986. Parton se asoció con la familia Herschend para transformar Silver Dollar City Tennessee, ubicado cerca de su lugar de origen, en Dollywood. Su llegada consistió en licenciar su nombre, convertirse en socia del proyecto y participar en la construcción de un concepto turístico articulado alrededor de su identidad y de la cultura de las Great Smoky Mountains.

El efecto fue prácticamente inmediato. De acuerdo con Forbes, la asistencia al parque se duplicó durante la primera temporada después de su incorporación. Cuatro décadas después, Dollywood recibía más de 3.5 millones de visitantes por temporada y empleaba a más de 4,500 personas, mientras el complejo se había expandido hacia hoteles, un parque acuático y diferentes formatos de entretenimiento.

El negocio terminó demostrando que la marca Dolly Parton podía extenderse mucho más allá de la música sin desprenderse de ella. En una entrevista publicada por Forbes en 2025, la propia cantante describió uno de los activos que había acumulado durante su carrera: “Si vives lo suficiente con una buena reputación, puedes construir tu marca”. Su nombre estaba asociado para entonces no solo con Dollywood, sino también con DreamMore Resort, HeartSong Lodge, Dolly Parton’s Stampede y Pirates Voyage.

Y la expansión continuó prácticamente hasta el final de su vida. El 24 de junio de este año abrió en Cornersville, Tennessee, Dolly’s Tennessean Travel Stop, una nueva apuesta de hospitalidad carretera con restaurante, venta de mercancía y alimentos. Ese mismo mes lanzó Cup of Ambition, una marca de café desarrollada junto con Community Coffee.

También mantuvo activa la explotación comercial de su imagen mediante colaboraciones de consumo. En abril de 2026 presentó la tercera colección de Dolly’s Joleans, su alianza con la firma de moda Good American, mientras preparaba el estreno en Broadway de DOLLY: A True Original Musical. El resultado era un ecosistema donde canciones escritas décadas antes podían convertirse nuevamente en productos, espectáculos, destinos turísticos o marcas.

Una filantropía que también aprendió a escalar

La otra cara de esa construcción siguió una lógica parecida: comenzar en Tennessee y desarrollar después una estructura capaz de crecer. Parton creó The Dollywood Foundation en 1988, inicialmente enfocada en mejorar los resultados educativos en Sevier County, la región donde había crecido. Uno de sus primeros programas prometió US$500 a estudiantes de séptimo y octavo grado si concluían la preparatoria. Según cifras de la propia organización, la tasa de abandono entre esos grupos pasó de 35% a 6%.

Pero el programa que terminaría convirtiéndose en el eje de su legado filantrópico nació en 1995. Inspirada por su padre, quien no sabía leer ni escribir, creó Dolly Parton’s Imagination Library, inicialmente para enviar gratuitamente un libro mensual a niños de su condado desde el nacimiento hasta los cinco años.

La escala terminó desbordando Tennessee. A junio de 2026, Imagination Library había distribuido más de 325 millones de libros entre niños de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia e Irlanda y enviaba más de 3.5 millones de ejemplares cada mes.

La filantropía de Parton también se extendió fuera de la alfabetización. Después de los incendios que afectaron Tennessee en 2016, su fundación creó My People Fund para ayudar directamente a las familias damnificadas y el esfuerzo terminó recaudando cerca de US$9 millones. En 2020 aportó US$1 millón a investigación sobre Covid-19 en Vanderbilt University Medical Center, recursos que contribuyeron a trabajos científicos vinculados posteriormente con el desarrollo de la vacuna de Moderna.

De esta manera, Dolly Parton utilizó tempranamente los derechos de propiedad intelectual para proteger el valor de lo que producía; convirtió posteriormente su nombre y su origen territorial en negocios de turismo y entretenimiento; y construyó, en paralelo, una infraestructura filantrópica capaz de operar mucho más allá de su participación personal.

Dos meses antes de su muerte todavía estaba inaugurando un nuevo negocio. Apenas días antes, su sitio oficial celebraba nuevas certificaciones comerciales de su catálogo en 14 países. Entre ambos momentos aparece quizá la dimensión menos evidente de una carrera generalmente contada desde la música: Dolly Parton no solo dejó canciones. Dejó activos, compañías, destinos, empleos y una organización que continuará enviando millones de libros después de su muerte.

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