El blindaje de Banco Base: De la autorregulación en PLD a la ofensiva tecnológica frente a las fintech

El objetivo del banco es defender su nicho de 14,000 clientes corporativos y triplicar su base de usuarios hacia 2028, demostrando que en la banca de segundo piso, la prudencia financiera y la agilidad digital son los únicos activos capaces de resistir cuatro décadas de volatilidad sistémica.

Por Diego Aguilar


Banco Base diseñó una estrategia de resistencia técnica para evitar la obsolescencia frente a la agilidad de las fintech y de la fiscalización estadounidense hacia la banca mexicana. Por un lado, la institución regiomontana anunció una inversión de 2,000 millones de pesos (mdp) destinada a su transformación digital y captación de talento especializado, movimiento con el que busca proteger su nicho de 14,000 clientes ante la incursión de nuevos jugadores digitales. 

Esta ofensiva tecnológica se apoya además en un blindaje de cumplimiento iniciado hace 11 años, cuando la entidad invirtió un millón de dólares en una certificación voluntaria con Crowe Horwath para cumplir con los estándares de Prevención de Lavado de Dinero (PLD) de Estados Unidos, consolidando un modelo de negocio que prioriza la certidumbre normativa como ventaja competitiva en el mercado de divisas. La ejecución de este capital para los próximos cinco años responde a la necesidad de igualar la velocidad de procesamiento de las plataformas digitales sin sacrificar la atención personalizada de su modelo de “segundo piso”.

“Vemos mucha competencia de bancos que llegan a México con modelos muy innovadores. Creemos que es bien importante para enfrentar esa competencia estar muy bien armados en el tema de la infraestructura tecnológica. Tenemos comprometido invertir en un periodo de cinco años 2,000 millones de pesos para aceptar la pelea”, detalló Lorenzo Barrera Segovia, presidente ejecutivo del Consejo de Administración.

Lorenzo y Álvaro Barrera Segovia, presidente y vicepresidente del Consejo de Banco Base, respectivamente, proyectaron que esta capitalización permitirá triplicar su base de clientes hacia 2028 y duplicar su participación de mercado al cierre de la década. La apuesta de Base es demostrar que, en un sector financiero bajo presión, la prudencia operativa y la actualización tecnológica son los únicos mecanismos para sostener la rentabilidad de las tesorerías empresariales que operan en el marco del comercio exterior.

“Nos atrevimos a salir de esa zona de confort. Siempre escuchamos a nuestros clientes y nos adaptamos a las necesidades. Los objetivos son claros: agilidad, velocidad de pagos y alta capacidad de respuesta en servicio. Son cosas bien importantes para los clientes en este producto”, explicó Lorenzo Barrera Segovia sobre los fundamentos que actualmente obligan al banco a una reinvención digital para no ceder terreno ante los modelos de negocio automatizados.

Prevención como activo financiero

La resiliencia de la institución ante las crisis vividas en 1997, 2005 y 2008 se fundamentó en una estructura de cumplimiento que excedió los requisitos de la regulación mexicana, contaron los directivos.

El presidente del Consejo relató que Base adoptó estándares de la banca estadounidense mediante la certificación con Crowe Horwath, lo que permitió al banco mantener sus líneas de corresponsalía internacional, en especial en momentos donde las autoridades estadounidenses vigilan de cerca los movimientos financieros en México.

Fuimos el primer banco en México hace 11 años en autorregularnos en prevención de lavado de dinero como banco americano. Eso nos costó cerca de un millón de dólares y lo hicimos por decisión propia, previniendo un posible riesgo futuro. Por mucho tiempo nos preguntábamos por qué invertimos tanto dinero y no tenemos nada a cambio, pero hoy nos dimos cuenta de que sí valió la pena”, sentenció el directivo.

¿El ejemplo? A mediados del año pasado, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos acusó a dos bancos mexicanos de lavar dinero proveniente de la delincuencia organizada. Hoy, esas entidades ya no existen.

Esta inversión preventiva funcionó como un sello de confianza para corporativos que operan bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y que exigen protocolos robustos de Prevención de Lavado de Dinero (PLD) para evitar riesgos reputacionales o congelamiento de flujos de capital en sus operaciones transfronterizas.

“Hay un cálculo que indica que la mano de obra en México es entre siete y nueve veces más barata que en Estados Unidos. Eso hace que el país vecino tenga que contar con nosotros para que sus empresas sigan siendo rentables. Mientras eso suceda, el T-MEC va a continuar de una forma u otra. Somos su principal socio comercial y nuestras cadenas de suministro son muy difíciles de suplir”, argumentó el presidente de Banco Base.

Infraestructura y sostenibilidad corporativa

El aprendizaje operativo del grupo derivó en una cultura que Álvaro Segovia describió como “no creer en Santa Claus”, lo que implicó rechazar propuestas de rendimientos agresivos que carezcan de sustento técnico. El banco concentra su utilidad en el margen de comercialización de divisas y servicios financieros empresariales, evitando riesgos desmedidos en carteras de consumo.

“En este tema financiero siempre hay propuestas que de repente suenan muy atractivas, pero que no son reales. Nuestro negocio es comercializar con dinero y en nuestra decisión está minimizar el riesgo. Hemos sido prudentes al no agarrar riesgos desmedidos; el hacer las cosas bien y cumplir con la regulación reditúa”, enfatizó Lorenzo Barrera Segovia.

Este enfoque se complementó con la capacitación de sus 1,700 colaboradores, quienes deben transitar de una gestión bancaria tradicional a una de banca digital especializada. Un reto de talento que la institución aborda mediante programas de inclusión como Together y una vinculación constante con centros de formación técnica.

“Lo que nos diferencia al final de nuestros competidores es nuestra cultura, es nuestro ADN. Tenemos certificaciones y programas de inclusión; los servicios y el precio están en el mercado, pero nuestra cultura es la columna vertebral de la institución”, agregó Álvaro Barrera Segovia, vicepresidente del Consejo.

Para el año 2030, la estrategia de sustentabilidad del banco contempla que el otorgamiento de crédito se vincule a indicadores ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza). Este plan busca que la rentabilidad del negocio se alinee con el financiamiento de empresas que demuestren estándares de sostenibilidad en sus procesos productivos.

Ante la inyección de capital extranjero por fenómenos de relocalización, los directivos subrayaron los cuellos de botella del país. “Falta infraestructura para que las empresas puedan invertir y crear confianza. Se habla mucho del Plan México, pero si no hay energía, no hay industria, no hay manufactura y no hay inversión. Tiene que haber energía limpia para que esto suceda”, advirtió la presidencia del banco.

Álvaro Barrera Segovia, vicepresidente del Consejo, señaló que este compromiso corporativo se extiende a la responsabilidad social a través del Fondo Educativo Base, que actualmente financia 52 becas universitarias completas mediante la asignación de un porcentaje de las utilidades anuales.

“Hemos sido afortunados de tener un negocio vibrante y exitoso. La educación era algo en donde queríamos ayudar; aportar recursos a candidatos con mucho talento y capacidad intelectual que no tienen recursos. Nos da mucha satisfacción poder aportar a la educación en México de esta manera”, detalló el vicepresidente sobre el legado de movilidad social vinculado al éxito del grupo financiero.

Así, con 40 años de experiencia, Banco Base comparte su modelo de reinvención ante las necesidades y retos del sector financiero. 

Ya por lo pronto tenemos la meta para 2028 de triplicar nuestro número de clientes y duplicar nuestra participación de mercado. Banco Base ya tiene 40 años, vamos por 40 más. Seguiremos siendo competitivos con talento, tecnología e inversión”, concluyó el presidente del Consejo.