Politizar la revisión del T-MEC frenará las inversiones de largo plazo en la región: ICC Mézico 

Diego Aguilar 

La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) enfrenta un riesgo comercial muy alto en caso de que la discusión se aleje de los aspectos técnicos para centrarse en controversias políticas coyunturales, aseguró Claus von Wobeser, presidente de la International Chamber of Commerce México (ICC México). 

En entrevista con Poder México, señaló que si las delegaciones oficiales no alcanzan un consenso, el tratado comercial entrará en un esquema de revisiones anuales, cuestión que perjudicará las inversiones e incentivará la incertidumbre.

“El peor escenario es que la revisión se politice, que creo que sería terrible, que no haya un acuerdo y que por eso entren revisiones anuales con incertidumbre permanente que podría frenar decisiones productivas de largo plazo”, aseguró Von Wobeser.

La falta de certidumbre jurídica que produciría este escenario desmotivará directamente la llegada de capitales a Norteamérica. Las corporaciones requieren predictibilidad económica para instalar nuevas fábricas o ampliar sus operaciones logísticas en los tres países, aseguró el entrevistado.

Mencionó que temas ajenos al contenido del tratado, como los procesos de gobernadores locales o los desafíos de seguridad interna, no deben dominar las mesas de diálogo. La prioridad de las tres naciones es garantizar la competitividad económica de la región frente a los mercados de Asia y Europa.

“Desde el punto de vista de la perspectiva técnica, los temas políticos de ciudades no forman realmente parte directa del contenido comercial del T-MEC, sin embargo, sí pueden influir en el ambiente político de la región”, reconoció el especialista sobre las acusaciones del gobierno estadounidense a gobernadores de entidades mexicanas por presunta relación con delincuencia organizada. 

Mientras tanto, la ICC de México, junto con su contraparte estadounidense, impulsará una agenda enfocada en la despolitización de las negociaciones comerciales. El objetivo principal de ambas representaciones empresariales es mantener el enfoque en la legalidad, la cooperación y el estado de derecho.

Von Wobeser añadió que la pérdida del marco legal actual generará aumentos de costos operativos para las cadenas de exportación en la zona de Norteamérica. Esta alteración del mercado representaría una ventaja inmediata para otras regiones económicas que buscan abastecer a los consumidores estadounidenses.

La respuesta responsable es no prejuzgar casos individuales, sino subrayar que México debe llegar a la revisión con señales claras de legalidad, cooperación y combate efectivo a la impunidad”, puntualizó el experto en comercio internacional.

Las presiones externas, derivadas del tráfico de sustancias ilícitas o de las tensiones gubernamentales, existen y generan diversas fricciones administrativas. Pese a esto, el interés financiero mutuo debe imponerse para garantizar el tránsito fluido de mercancías a través de las fronteras, comentó el presidente del organismo. 

Añadió que el intercambio comercial anual entre las naciones que integran el T-MEC superará la marca de 1.9 billones de dólares para 2026. Este alto volumen de dinero demuestra la magnitud del impacto económico que sufriría la región si fracasan los diálogos diplomáticos.

“Va a ser una discusión ruda, claramente hay presiones, hay toda la presión obviamente del narcotráfico, pero realmente en la parte económica también Estados Unidos depende del tratado para todo. No sería una alternativa salirse”, afirmó tajantemente.

Alianza pública y privada para una defensa técnica

Para enfrentar de forma exitosa esta revisión, las autoridades mexicanas tienen la responsabilidad de presentar posturas fundamentadas en datos comprobables, dijo Claus von Wobeser. El proceso demanda una coordinación profunda y permanente entre las dependencias de gobierno y los directivos del sector privado.

Dijo además que las cámaras empresariales enviaron propuestas específicas al gobierno federal para blindar áreas estratégicas de la economía nacional. Estas demandas incluyen abasto de energía confiable, modernización de aduanas, respeto a la propiedad intelectual y mecanismos efectivos para solucionar controversias.

“Hay que subir al sector privado, porque entiende mejor el comercio. Lo que nosotros proponemos es llegar con una agenda técnica, no reactiva. Creo que la Secretaría de Economía tiene una gran experiencia y entiende la problemática”, detalló el directivo.

Afirmó que las mesas de trabajo con los socios norteamericanos entregarán resultados positivos si se limitan estrictamente a las normativas del comercio internacional. Las autoridades deben enfatizar constantemente los ingresos financieros que este acuerdo reporta a las tres naciones firmantes.

También dijo que los funcionarios públicos poseen el conocimiento técnico necesario para afrontar las exigencias del intercambio fronterizo actual. Estas capacidades institucionales mejorarán de forma sustancial si incorporan la visión operativa de las corporaciones exportadoras internacionales.

En la ICC son los especialistas técnicos y entonces hay que ir muy a la parte de una discusión técnica más que política. Hay que remarcar los beneficios que ha traído el T-MEC para los Estados Unidos y la codependencia”, recomendó Von Wobeser.

El resultado óptimo para la economía del bloque norteamericano consiste en firmar la extensión del acuerdo por un periodo de 16 años adicionales. Esta acción confirmaría la estabilidad regional y permitiría modernizar las reglas operativas de las cadenas de suministro transfronterizas.

Norteamérica opera como una economía integrada

Von Wobeser explicó que la estructura económica de los tres países funciona con un grado de integración total en la mayoría de sus sectores industriales. La dependencia comercial mutua llegó a un punto donde la manufactura de Estados Unidos requiere forzosamente de los insumos producidos por plantas mexicanas.

Cancelar las reglas trilaterales de libre comercio detendría operaciones en líneas completas de producción a nivel continental. Si el flujo de autopartes mexicanas se interrumpe, las fábricas en Estados Unidos estarían inhabilitadas técnica y físicamente para ensamblar vehículos nuevos.

“Si mañana separaran y ya no se pudieran importar autopartes de México, para trasladar esas fábricas de regreso a Estados Unidos y capacitar obra de mano, tomaría de cinco a ocho años. No se puede fabricar un solo vehículo en Estados Unidos”, sentenció el presidente de la ICC.

Aseguró que trasladar las plantas industriales hacia ciudades estadounidenses representa un obstáculo técnico y logístico de gran magnitud. Este proceso demuestra que anular el tratado es una opción inviable para las empresas transnacionales que buscan mantener su rentabilidad y presencia de mercado.

El abasto de alimentos hacia el mercado estadounidense presenta exactamente la misma dependencia que el sector automotriz. México exporta cantidades masivas de frutas y verduras frescas, mientras recibe grandes cargamentos de granos, asegurando la alimentación en ambos lados de la frontera.

“Imagínense la cantidad de productos alimenticios que exportamos. Faltaría el pan o la fruta, las verduras en México, sería un desastre, sería realmente muy difícil. A ambos países les conviene igual y ciertamente a Canadá también”, ejemplificó sobre la gravedad del tema.

Una tercera parte de la riqueza de todo el mundo se genera diariamente dentro del bloque de América del Norte. Los beneficios productivos de esta asociación trilateral justifican mantener las reglas de integración comercial vigentes por encima de cualquier fricción gubernamental.