Gruma reporta cambios en sus contratos con tortillerías en México y enfrenta retos en EE. UU.

La dinámica operativa de Gruma, el gigante global de la harina de maíz, atraviesa una fase de transición forzada por regulaciones en México y una retracción del consumo en Norteamérica.

Durante el primer trimestre de 2026, la firma aplicó un ajuste contable de 10.6 millones de dólares vinculado a la amortización de maquinaria.

Este movimiento no es casual: es el resultado directo de las medidas impuestas por la Comisión Nacional Antimonopolios (CNA), que obligaron a la empresa a fragmentar su esquema de exclusividad con las tortillerías locales para fomentar un mercado más competitivo.

Aunque el impacto financiero se refleja en el balance actual, la directiva ha enfatizado que se trata de un cargo virtual que no compromete la liquidez ni la generación de flujo de la compañía.

Simultáneamente, el frente internacional de Gruma enfrenta vientos en contra. En Estados Unidos, la confianza del consumidor ha caído a niveles críticos, impactando directamente en el canal institucional y de restaurantes, que representa una quinta parte de sus ingresos en ese país.

Para contrarrestar la caída del 2% en los volúmenes de venta, la empresa ha decidido abandonar la guerra de precios y descuentos, apostando en su lugar por un incremento del 50% en su presupuesto de marketing.

El objetivo es blindar el valor de sus marcas premium y estabilizar los márgenes operativos hacia el cierre del periodo estival, mientras el mercado mexicano se mantiene como el ancla de estabilidad con una demanda de 514,000 toneladas métricas de harina.