Banca tradicional frena la adopción de CoDi y Dimo para proteger ingresos por comisiones: STP
- Poder México
- marzo 25, 2026
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El sector Fintech busca consolidar un frente de contrapeso para impulsar la verdadera inclusión financiera y cumplir con las metas de digitalización del Plan México.
Por Diego Aguilar
La institución de fondos de pago electrónico Sistema de Transferencias y Pagos (STP) denuncia que el estancamiento de las plataformas digitales de Banco de México (Banxico), como Cobro Digital (CoDi) y Dinero Móvil (DiMo) obedece a una falta de incentivos y promoción por parte de la banca tradicional, la cual prioriza el recaudo de comisiones a través de tarjetas de crédito y débito. Jorge Malanco, director de mercadotecnia, comunicación y continuidad operativa de la firma, señala que el sector financiero nacional requiere de un contrapeso urgente liderado por las empresas Fintech para romper con el predominio del efectivo y cumplir con los objetivos de digitalización trazados por la administración federal.
De acuerdo con el entrevistado, esta parálisis operativa ocurre a pesar de que el país cuenta con una de las infraestructuras de pagos en tiempo real más robustas del mundo, el SPEI, que durante el último año procesó cerca de 5,500 millones de transacciones.
“Los bancos te ofrecen DiMo y te ofrecen CoDi en sus plataformas por obligación. Están obligados a ofrecértelo, pero no tienen costo. Entonces al banco no le conviene que hagas un movimiento vía CoDi o vía DiMo porque no te puede cobrar; ahí falta de voluntad. Tu negocio es cobrar por el uso de tus tarjetas, pero también tienes que ver más allá de la rentabilidad de tu negocio únicamente”, sentenció Jorge Malanco.
El conflicto de interés dentro de las instituciones bancarias convencionales radica en la gratuidad de los nuevos métodos de pago impulsados por el Banxico. Al no representar una fuente de ingresos por intermediación o uso de red, las aplicaciones de cobro mediante código QR o número telefónico son relegadas a un segundo plano en las interfaces bancarias, cumpliendo apenas con el mínimo regulatorio de disponibilidad.
La estrategia de la banca se concentra en mantener la vigencia de los plásticos tradicionales, los cuales generan márgenes de rentabilidad constantes para las entidades, pero imponen costos de fricción a los comercios y riesgos de seguridad como el hackeo o la clonación para los usuarios finales.
Ante esta situación, STP hace un llamado a la formación de un bloque de contrapeso integrado por Fintechs, neobancos, Sociedades Financieras Populares (Sofipos) y Sociedades Financieras de Objeto Múltiple (Sofomes). Este gremio no bancario tiene la responsabilidad de coordinar esfuerzos con el Banco de México y el gobierno federal para asegurar que el Plan México de la presidenta Claudia Sheinbaum no pierda tracción.
La reciente llamada de atención del Ejecutivo hacia la banca por el poco impulso a las herramientas digitales es interpretada por la industria como un punto de inflexión necesario para reconfigurar las prioridades del sistema financiero integral.
El espejo de Brasil y la carretera del SPEI
La comparativa internacional revela el rezago operativo de México frente a economías con sistemas menos maduros en tiempo pero más eficientes en adopción. Brasil, a través de su plataforma PIX, logra una penetración superior a 85% de su población en pocos años, un éxito fundamentado en la voluntad unificada del Banco Central, la iniciativa privada, la banca y el comercio.
En contraste, México posee desde hace 21 años el Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI), una infraestructura que permite liquidaciones en menos de siete segundos y que supera en agilidad a las redes de potencias como Estados Unidos o el Reino Unido. Sin embargo, esta superioridad técnica no se ha traducido en una adopción masiva de cobros digitales en el punto de venta.
El problema en el mercado mexicano es de ejecución y concurrencia de actores. Mientras que en Brasil la eliminación del efectivo fue un objetivo compartido, en México el SPEI se convierte en una herramienta de uso común para transferencias personales, pero sus derivados, CoDi y DiMo, no logran replicar ese impacto debido a la fragmentación de incentivos.
Malanco destaca que estas herramientas corren sobre la misma “carretera” de alta seguridad del SPEI, por lo que la desconfianza del usuario no tiene un sustento técnico, sino que es producto de una comunicación deficiente por parte de quienes controlan las cuentas de ahorro en el país.
La resistencia bancaria, afirma el entrevistado, afecta la modernización de los pagos pero sobre todo impacta directamente en la economía de las pequeñas y medianas empresas (PyMEs). Datos operativos de STP indican que un comercio de cinco personas que sustituye el cobro con tarjeta por CoDi puede ahorrar hasta 90,000 pesos anuales en comisiones, una cifra que representa la diferencia entre la supervivencia y el crecimiento de la unidad de negocio. Esta democratización de los ingresos financieros es el eje que el sector no bancario busca posicionar frente a la opacidad de los costos tradicionales.
Educación vs. Productos; el camino a la inclusión 2030
El análisis de la industria advierte que el ecosistema financiero ocurre en el error de confundir la inclusión financiera con la simple diversificación de portafolios de productos. Para STP, la verdadera inclusión requiere un proceso previo de educación financiera que otorgue certeza al usuario sobre el manejo de sus recursos digitales.
Actualmente, 40% de la población en México permanece fuera del sistema bancario, un universo de millones de personas que el sector Fintech pretende captar mediante la generación de confianza y la demostración de beneficios tangibles de la economía digital.
El objetivo hacia el cierre de la década es ambicioso: alcanzar una participación de 50% de los pagos digitales frente al efectivo para el año 2030. Aunque al ritmo actual esta meta parece difícil de concretar en solo cuatro años, el sector apuesta por catalizadores coyunturales como el Mundial de Fútbol de 2026, evento que obligará al sistema financiero a atender a un turismo global habituado a métodos de pago sin contacto y sistemas de liquidación inmediata. La presión externa de usuarios extranjeros y la exigencia de transparencia podrían acelerar la adopción que la banca interna ha ralentizado.
Además, el uso de medios digitales permite que los pagos sean identificables y trazables, reduciendo los riesgos inherentes al papel moneda. En este sentido, la tarea inmediata para los jugadores del ecosistema Fintech es construir una plataforma de conocimiento que desmitifique la exclusividad de la seguridad bancaria tradicional, demostrando que las nuevas instituciones ofrecen el mismo nivel de protección con una agilidad superior.
La democratización de los pagos digitales en México depende de romper el acaparamiento del negocio financiero y abrir el piso hacia una competencia paritaria. La tecnología y la infraestructura están listas; el avance del país hacia una economía digital moderna ahora depende exclusivamente de la voluntad política y la capacidad del sector tecnológico para actuar como el contrapeso que la banca tradicional ha evitado enfrentar durante la última década.
“Lo que nosotros hacemos desde STP es democratizar los medios de pago digitales; que sean para todos, con pisos parejos y que dejen de ser un componente exclusivo del ecosistema bancario para formar parte del sistema financiero integral”, señala Jorge Malanco.


