La expansión de la IA choca con la realidad minera; el mundo carece de cobre suficiente para sostener más centros de datos
- Poder México
- enero 17, 2026
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El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial (IA) y de los centros de datos que la sostienen está empujando al mundo hacia un límite físico.
La oferta global de cobre, un metal esencial para la electrificación, las redes eléctricas y la infraestructura digital, no alcanzará para cubrir la demanda proyectada de las próximas décadas. De acuerdo con un nuevo estudio de S&P Global, el déficit podría llegar a 10 millones de toneladas métricas en 2040, justo cuando la capacidad instalada de los centros de datos y el consumo eléctrico asociado se multiplican a escala global.
La brecha se explica por dos fuerzas que avanzan en paralelo. Por un lado, el despliegue masivo de infraestructura para inteligencia artificial, servicios en la nube y cómputo de alto rendimiento. Por el otro, un sector minero que enfrenta límites estructurales: caída en la ley de los minerales, costos crecientes, oposición ambiental, procesos regulatorios extensos y una elevada concentración geográfica de la producción y el procesamiento.
“El cobre es el gran habilitador de la electrificación, pero el ritmo acelerado de esa electrificación se está convirtiendo en un desafío creciente para el propio cobre”, advirtió Daniel Yergin, vicepresidente de S&P Global y uno de los responsables del estudio Copper in the Age of AI: The Challenges of Electrification.
“La demanda económica, la expansión de la red eléctrica, la generación renovable, el cómputo de IA, las industrias digitales, los vehículos eléctricos y la defensa están escalando al mismo tiempo, y la oferta no va en camino de seguirles el paso”, agregó.
Apetito por los centros de datos
El diagnóstico de S&P Global coincidió con la radiografía que realizó Moody’s Ratings sobre el negocio de los centros de datos. En su perspectiva global para 2026, la calificadora señaló que la capacidad mundial medida por consumo eléctrico alcanzará alrededor de 600 terawatts hora en ese año, un aumento de 14% frente a 2025 y de casi 40% respecto al nivel observado en 2024.
El crecimiento no es marginal. Los proyectos de hiperescala que comenzarán a operar en 2026 superan con frecuencia los 300 megawatts de capacidad y algunos campus de inteligencia artificial rebasan ya los 500 megawatts o incluso 1 gigawatt. Estas instalaciones concentran miles de servidores, sistemas de enfriamiento, subestaciones eléctricas, kilómetros de cableado y equipos de transmisión, todos intensivos en cobre.
Moody’s detalló que la mayor parte de esta nueva capacidad ya está prearrendada por los grandes proveedores de servicios en la nube cómo lo son: Google, Microsoft, Amazon Web Services y Oracle, con el objetivo de atender la explosión de la demanda computacional asociada a los nuevos modelos de inteligencia artificial.
“Esta nueva capacidad orientada a la IA permitirá el desarrollo y la implementación de nuevos modelos y productos de inteligencia artificial a medida que esta industria incipiente continúe expandiéndose junto con el crecimiento del cómputo de alto rendimiento disponible”, señaló el informe.
La agencia añadió que la rapidez con la que los inquilinos monetizan los nuevos espacios se ha vuelto clave para disipar las dudas sobre una posible “burbuja de la IA”.
Detrás de ese despliegue hay una ola de inversión sin precedentes. Solo seis empresas tecnológicas en Estados Unidos, que son Microsoft, Amazon, Alphabet, Oracle, Meta y CoreWeave, destinaron cerca de 400,000 millones de dólares a gasto de capital en 2025, con proyecciones de 500,000 millones en 2026 y 600,000 millones en 2027. A nivel global, Moody’s estimó inversiones acumuladas en centros de datos por al menos 3 billones de dólares en los próximos cinco años.
Déficit estructural bajo tierra
Mientras la infraestructura digital crece a doble dígito, la minería de cobre avanza con una inercia mucho más lenta. El estudio de S&P Global proyectó que la producción mundial alcanzará su pico en 2030, con alrededor de 33 millones de toneladas métricas, para luego estancarse o disminuir.
En contraste, la demanda total se elevaría hasta 42 millones de toneladas en 2040, un aumento de 50% frente a los niveles actuales.
“Ni siquiera el reciclaje logrará cerrar la brecha. Aunque la chatarra de cobre reciclada más que se duplicará de 4 a 10 millones de toneladas, el déficit seguiría rondando los 10 millones de toneladas, equivalente a una cuarta parte de la demanda prevista”, indicó la institución.
Carlos Pascual, vicepresidente senior de Geopolítica y Asuntos Internacionales de S&P Global, subrayó que el metal ya adquirió una “dimensión estratégica”.
“Varios países han declarado al cobre como un metal crítico en los últimos cinco años, incluido Estados Unidos en 2025, y con razón”, afirmó.
“El cobre es la arteria conectiva que enlaza la maquinaria física, la inteligencia digital, la movilidad, la infraestructura, las comunicaciones y los sistemas de seguridad; su disponibilidad futura se ha convertido en un asunto de importancia estratégica”, agregó.
La presión adicional que introduce la inteligencia artificial es cuantificable. S&P Global estimó que la demanda asociada a centros de datos y aplicaciones de IA, junto con el gasto militar, se triplicará hacia 2040 y añadirá alrededor de 4 millones de toneladas métricas adicionales al consumo anual.
En paralelo, la demanda eléctrica mundial aumentará casi 50% en ese periodo. Atenderla implicará añadir capacidad de generación equivalente a 330 presas Hoover o más de 650 reactores nucleares de un gigawatt cada año, todos intensivos en cobre para redes, transformadores y sistemas de transmisión.
Pero para S&P Global abrir nuevas minas no es un proceso inmediato. El propio estudio calculó que, en promedio, se requieren 17 años desde el descubrimiento de un yacimiento hasta el inicio de la producción comercial.
A ello se suman los desafíos técnicos y sociales: menores concentraciones de mineral, costos crecientes de energía y mano de obra, procesos de extracción más complejos, oposición ambiental, revisiones judiciales prolongadas y presión de inversionistas y gobiernos.
“Cerrar la brecha de oferta depende no solo de la geología, la ingeniería, la logística y la inversión, sino también de la gobernanza y las políticas públicas”, señaló Eleonor Kramarz, directora global de Minerales Críticos y Consultoría en Transición Energética de S&P Global Energy.
“Eso se traduce en rapidez en los permisos y consultas, límites de tiempo para la litigación y estabilidad en la regulación. La alternativa es la incertidumbre, y la incertidumbre tiene un costo muy elevado”, explicó.
A este panorama se añadió la concentración de la cadena de suministro. Seis países aportan cerca de dos tercios de la producción minera mundial, mientras que el procesamiento está aún más concentrado: China controla alrededor de 40% de la capacidad global de fundición y 66% de las importaciones de concentrado de cobre.
Para S&P Global, el riesgo es que la expansión digital, diseñada para acelerar la productividad y la innovación, termine limitada por un insumo físico escaso y geopolíticamente sensible.
“El futuro no solo es intensivo en cobre, es habilitado por el cobre”, afirmó Aurian de La Noue, director ejecutivo de Minerales Críticos y Transición Energética en S&P Global Energy.
“Cada nuevo edificio, cada línea de código digital, cada megawatt renovable, cada automóvil nuevo y cada sistema avanzado de armas dependen de este metal”, concluyó.



