“Queremos vivir el Hecho en México”: la apuesta local de Tetra Pak

La manufactura local, la innovación en envases y la expansión a nuevas categorías se convierten en los pilares de una visión que busca reposicionar nuestro mercado en la cadena global de alimentos y bebidas.

Ramiro Ortiz habla del mercado mexicano con una mezcla de urgencia y optimismo. Urgencia por los ajustes en el consumo y optimismo por el potencial de categorías que todavía no alcanzan su madurez. Entre ambos polos construye una idea simple pero estratégica: el futuro pasa por fabricar más en México, desarrollar envases más sostenibles y acelerar la innovación en segmentos que hoy viven un cambio profundo.

“Creo que el mayor reto hoy es de verdad las retomadas de consumo, que este año tuvo una baja”, reconoce. Pero añade de inmediato que “más que retos creo que hay oportunidades”. Y las identifica en categorías maduras que pueden sofisticarse y en segmentos que todavía no se desarrollan del todo.

Ortiz observa que lácteos, jugos y tomate siguen siendo centrales, pero están lejos de haberse agotado. En lácteos, por ejemplo, el crecimiento de proteínas y alimentos funcionales abre espacio para propuestas más técnicas. “Hay un desarrollo enorme ahí”, afirma. En jugos, los formatos naturales, 100% fruta y las mezclas con fibras o proteínas permiten ampliar el espectro de nutrición e hidratación. Incluso en tomate, una categoría históricamente robusta, ve un giro. “Hay todo un otro segmento que vamos a empezar a mirar más”, explica, refiriéndose al potencial de alimentos preparados y conservas que hoy se concentran en lata pero que podrían migrar a envases más sostenibles.

La innovación es el hilo conductor. “Invertimos mucho. Tanto en la parte de envasado, en tecnologías para bajar agua, energía y consumos”, detalla. La compañía busca envases más renovables, más livianos y más sostenibles, sin comprometer lo esencial: “La seguridad alimentaria para nosotros es fundamental y sagrada”. Ese enfoque coincide con las soluciones técnicas descritas en el portafolio global, donde el envasado aséptico permite desarrollar productos proteicos seguros, nutritivos y sin necesidad de refrigeración . El resultado es un abanico de formatos listos para beber, suplementos líquidos y categorías funcionales con vida útil extendida.

Innovación, mercado y manufactura local

La expansión de capacidades productivas responde a una visión industrial de largo plazo. “Queremos de verdad vivir el ‘Hecho en México’”, afirma Ortiz sobre una frase que resume la búsqueda de arraigo, eficiencia y competitividad. La nueva planta de procesamiento y manufactura de Tetra Pak en el Estado de México complementa las instalaciones con las que ya cuentan en Querétaro y Mexicali y permite trasladar procesos que antes se importaban. “No es solo tener la producción local, pero sí que los empleados se enorgullezcan de tener una empresa multinacional que invierte en el país”, dice. La estrategia interna, denominada “Hecho en México, hecho con valor”, apunta a que clientes y colaboradores reconozcan esa apuesta.

El movimiento también tiene una dimensión ambiental. Producir cerca de los clientes reduce emisiones derivadas del transporte de equipos, tapas o envases desde otras regiones. “Ahorramos toneladas y toneladas de CO₂”, subraya Ortiz. Además, genera empleos y multiplica la integración de proveedores locales, mientras una parte de la producción se exporta a otros países. México, explica, ya no solo funciona como mercado fuerte, sino como plataforma de manufactura con capacidad de escalar soluciones regionales.

Ese posicionamiento permite pensar en categorías emergentes, como la traducción de la gastronomía mexicana a formatos listos para consumir. “Si miramos la cantidad de comidas, de alimentos, de bebidas que hay en México, mucha comida callejera, ¿por qué no traer esto al día a día de las personas a través de productos envasados?”, plantea. Parte de esa lógica ya ocurre en otros segmentos: productos hechos en México se exportan a Estados Unidos para consumidores que buscan sabores locales.

Sostenibilidad, reciclaje y futuro de categorías

La circularidad es otro eje que Ortiz considera crítico. “Hay muchos mitos alrededor de las cosas”, advierte antes de subrayar que el envase sí es reciclable. En México, el cartón obtenido de su recuperación se convierte en papel higiénico, servilletas, cuadernos, cajas o tubos; mientras el polialuminio alimenta industrias de materiales durables y mobiliario urbano. La clave, insiste, está en la separación desde el hogar. “Si el consumidor no separa las basuras se contamina todo. Y no es solo nuestro envase: se contamina el plástico, la lata, todo”.

El enfoque de sostenibilidad es coherente con la apuesta por envases más renovables y por tecnologías que preservan alimentos sin conservadores. “Los alimentos y bebidas no necesitan conservadores para mantenerse seguros”, indica, gracias a la estructura multicapa que protege el contenido durante todo su ciclo de vida. El desafío es mantener equilibrio: seguridad alimentaria, menor impacto ambiental y capacidad de atender segmentos como proteína, suplementos o alimentos funcionales, donde la demanda crece más rápido que la oferta técnica.

Ortiz también atribuye parte del avance a la cultura del talento mexicano. Después de vivir en cinco países, la diferencia es evidente para él: “El sentimiento humano que tiene México, el calor con que trata a las personas, es fundamental para adaptarse y para creer que podemos hacer muchas cosas”. Ese componente cultural, afirma, sostiene el ritmo de innovación y fortalece la adopción tecnológica dentro de la compañía.

En su cierre, proyecta una visión de país. “Lo que más ilusiona de estar en México son las oportunidades de crecimiento”, sintetizando un enfoque donde manufactura local, desarrollo de categorías y sostenibilidad se articulan para reposicionar a México dentro de la cadena de valor global. La apuesta por vivir el “Hecho en México” no es solo un lema interno: es una estrategia industrial que combina ambición, identidad y un mercado que, pese a sus ciclos, aún tiene margen para crecer y transformarse.