La estrategia de EE.UU. que redefine la economía global

Por Janneth Quiroz Zamora, Directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Monex

La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicada en noviembre de 2025 no solo redefine prioridades geopolíticas; también marca un giro con profundas implicaciones económicas. Bajo una lógica de acción selectiva y defensa directa de intereses estratégicos, el documento anticipa un mundo más fragmentado, donde la política exterior se traduce en decisiones que impactan mercados, flujos de inversión y precios globales. Los acontecimientos recientes —la captura de Nicolás Maduro, la guerra en Medio Oriente y el aumento de tensiones internacionales— evidencian cómo esta doctrina ya está influyendo en la economía global.

El caso de Venezuela es particularmente ilustrativo. La intervención estadounidense y la posterior captura de Maduro no solo tuvieron implicaciones políticas, sino que abrieron la puerta a una reconfiguración del sector energético. La eventual normalización de la producción petrolera venezolana —tras años de sanciones y caída estructural— podría modificar la oferta global de crudo. En un contexto de precios elevados por el conflicto en Medio Oriente, este factor introduce un elemento de ajuste en los mercados energéticos, con potencial para moderar presiones inflacionarias en el mediano y largo plazo.

Sin embargo, el principal canal de transmisión económica se mantiene en Medio Oriente. El conflicto con Irán ha generado disrupciones en rutas clave como el Estrecho de Ormuz, elevando significativamente los precios del petróleo. Este choque energético actúa como un impuesto global: encarece el transporte y presiona los costos de producción, lo que presiona a la inflación al alza. Para los bancos centrales, el entorno se ha vuelto más complejo, al obligarlos a mostrar mayor cautela y flexibilizar la política monería de manera más gradual.

La estrategia estadounidense también tiene implicaciones en los flujos de capital. En un entorno de mayor incertidumbre geopolítica, los inversionistas tienden a refugiarse en activos seguros, fortaleciendo al dólar. Esto se traduce en un incremento de la volatilidad cambiaria, encarecimiento del financiamiento externo y menor apetito por riesgo. Así, decisiones de seguridad nacional terminan influyendo directamente en variables clave como el tipo de cambio, las tasas de interés y la inversión extranjera.

Capitolio Washinton DC

Además, la creciente disposición de Estados Unidos a intervenir de manera unilateral introduce un nuevo factor de riesgo para el comercio internacional. La posibilidad de sanciones, bloqueos o medidas restrictivas en sectores estratégicos —como energía, tecnología o manufactura— puede fragmentar aún más las cadenas globales de suministro. Este proceso, que ya se observaba desde la pandemia, se acelera bajo un entorno donde la geopolítica pesa tanto como la eficiencia económica.

Para países como México, este nuevo equilibrio representa tanto riesgos como oportunidades. Por un lado, la volatilidad global y el encarecimiento energético presionan la inflación y complican la política macroeconómica. Por otro, la relocalización de cadenas productivas —impulsada por la búsqueda de mayor seguridad estratégica por parte de Estados Unidos y por el TMEC— puede favorecer la atracción de inversión, especialmente en sectores manufactureros.

La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 no es solo un documento de política exterior: es un catalizador de cambios económicos globales. Al priorizar el poder y la seguridad sobre la cooperación, Estados Unidos está contribuyendo a un entorno más incierto, donde los mercados reaccionan a decisiones geopolíticas con mayor intensidad. En este nuevo orden, entender la política internacional será tan importante como analizar los fundamentos económicos.

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