Divergencia en las calificadoras; el impacto de los nuevos jugadores digitales y el freno estructural al crédito bancario

El freno en la inversión corporativa frente a la revisión del T-MEC y los altos costos operativos marcan el fin de las utilidades récord.

Por Diego Aguilar


Hay posturas divididas sobre el riesgo que representan los nuevos competidores digitales para las instituciones bancarias tradicionales, de acuerdo con declaraciones de las agencias de calificación crediticia Moody’s Ratings y Fitch Ratings. Sin embargo, coinciden sobre las barreras estructurales que limitan el otorgamiento de crédito en el país. Además señalan que la banca que opera en México enfrenta importantes retos: como la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y la informalidad que hay en el país. 

Hay un cambio muy interesante en cómo se comportan los depositantes y creemos que esta competencia va a seguir en rangos de tasas más bajas (de Banco de México). Estas entidades van a tener que usar los depósitos que han juntado y van a tener que prestar”, advierte Felipe Carvallo, analista líder de bancos para México, Perú y Chile en Moody’s Ratings.

Explica que los nuevos competidores ingresaron al mercado mediante la obtención de licencias bancarias y de Sociedades Financieras Populares (Sofipos), lo cual les permite captar recursos del público con la protección del seguro de depósitos. 

Esta estrategia alteró la dinámica de fondeo tradicional y, pese a los recortes en la tasa de política monetaria del Banco de México, actualmente en 7% desde un máximo de 11.25%, el costo de fondeo para los grandes bancos no disminuye a la misma velocidad en comparación con ciclos económicos anteriores. Señala que las instituciones tradicionales optan por ofrecer rendimientos altos para retener a sus clientes de mayor lealtad frente a la oferta de las plataformas digitales.

Moody’s anticipa que la competencia incrementará de forma acelerada en el segmento de crédito al consumo, el cual lidera el crecimiento del sector en los últimos dos años. La agencia señala que la nueva oferta obligará a los bancos a aumentar sus inversiones en procesos y canales de digitalización. 

Esta presión operativa mantendrá elevados los costos de la banca tradicional y comprimirá sus márgenes de ganancia. Además, surge la interrogante técnica sobre si las nuevas entidades restarán participación de mercado a la banca establecida o si lograrán crear un mercado paralelo con consumidores y empresas de menor tamaño que no contaban con servicios financieros.

En contraste, Alejandro Tapia, director de Instituciones Financieras para América Latina de Fitch Ratings, descarta que los nuevos jugadores representen una presión competitiva para los bancos establecidos en el corto plazo. El especialista argumenta que ambas figuras corporativas operan en segmentos demográficos completamente distintos y no existe una confrontación directa por las mismas carteras.

“Los bancos tradicionales usualmente no han sido activos atendiendo a ciertos sectores que estos nuevos jugadores están atendiendo, como lo son las personas de ingresos medios, bajos o las propias pequeñas y medianas empresas. Ambos sectores están actuando en capas diferentes”, detalla Tapia.

Fitch Ratings considera que el gasto de los bancos convencionales en tecnología responde a una dinámica global de modernización y no altera su perfil crediticio de manera relevante. Tapia añade que el impacto real de las entidades digitales en el mercado a mediano plazo dependerá de que logren consolidar sus modelos de negocio mediante el control estricto de la calidad de sus activos, el mantenimiento de una cartera vencida estable y la generación de rentabilidad constante de sus operaciones.

El límite de la informalidad económica

El debate sobre la competencia se inserta en un mercado caracterizado por una baja penetración financiera estructural. De acuerdo con los registros de Moody’s, los préstamos totales de la banca comercial en México representan un volumen aproximado de entre 20% y 22 del Producto Interno Bruto (PIB). Esta métrica resulta inferior al promedio de América Latina, que se ubica cerca de 50%, y se mantiene distante de mercados financieros como el chileno, donde la proporción de préstamos supera 100% de la producción nacional.

Frente a este rezago y la comparativa de que en México operan poco más de cincuenta bancos frente a los cientos de instituciones en otras economías, Fitch Ratings determina que el déficit de crédito no radica en una falta de participantes financieros, sino en la configuración del mercado laboral. Tapia explica que la informalidad económica es la variable principal que impide a los bancos convencionales otorgar financiamiento masivo, debido a la ausencia de garantías legales y comprobación formal de ingresos.

“No es que haya una necesidad de más bancos o más entidades financieras. Hay una gran proporción de economía informal y es ahí donde está este tema estructural, donde los bancos son más cautos en entrar; lo que busca la banca tradicional es seguridad y garantías en cuanto al pago de sus servicios”, puntualiza el directivo de Fitch.

Para solventar esta carencia estructural sin comprometer los índices de capitalización, la banca comercial requiere el respaldo del sector público. Felipe Carvallo destaca que existe un cambio de postura en la banca de desarrollo nacional, mediante instituciones que buscan complementar el financiamiento a través de garantías federales. Estos esquemas permiten a la banca comercial asumir mayores exposiciones crediticias en proyectos de infraestructura a largo plazo o emisiones de deuda sin afectar directamente su capital regulatorio.

A pesar de estas herramientas gubernamentales, el crecimiento orgánico de la inclusión financiera exige una alineación de políticas públicas. Las calificadoras sostienen que las instituciones bancarias cuentan con amplios niveles de capital y liquidez, pero su despliegue total depende de una mayor fiscalización por parte de las autoridades para formalizar a los sectores productivos.

Normalización de utilidades y freno corporativo

Las barreras operativas y la presión del entorno económico generarán un ajuste en los niveles de ganancias del sistema bancario. Ambas agencias proyectan un escenario con perspectivas de deterioro para los fundamentales financieros en los próximos meses. Sin embargo, los especialistas precisan que este ajuste representa una normalización tras diversos periodos de utilidades excepcionales y no refleja un riesgo de insolvencia sistémica.

Carvallo indica que los márgenes de intermediación más estrechos, sumados a las exigencias de crear mayores reservas ante la competencia en el crédito al consumo, justifican este deterioro en las métricas. A esto se añade la carga operativa para cumplir con la estricta regulación en materia de prevención de lavado de dinero. Los bancos de mayor tamaño implementan procesos técnicos y de verificación continua de clientes para evitar sanciones internacionales o pérdida de confianza, lo que representa un costo fijo ineludible.

Alejandro Tapia coincide en que el costo de riesgo incrementa de manera gradual y los márgenes presentan disminuciones, pero asegura que la industria opera desde una posición de alta solidez. El enfoque histórico de los bancos en clientes corporativos y de ingresos altos permite que la cartera vencida se mantenga en niveles adecuados para un mercado emergente durante etapas de estrés económico.

Esta moderación en los ingresos netos obedece de forma directa a una marcada desaceleración en la originación de crédito para el sector corporativo. Moody’s identifica que la cautela de las empresas responde a la paralización de inversiones provocada por la falta de definiciones en las relaciones comerciales con Estados Unidos y la imposición de aranceles globales

A nivel interno, los recientes cambios en el sistema judicial mexicano generan que los bancos actúen con mayor rigor legal en la estructuración de préstamos. Carvallo advirtió que las instituciones financieras buscan utilizar tribunales extranjeros para garantizar sus contratos, un procedimiento que eleva el costo del crédito y restringe el acceso para las empresas de menor tamaño.

Ante la contracción del flujo de capital hacia las actividades comerciales y empresariales, la expansión del sistema bancario se sostiene actualmente mediante el financiamiento al consumo, impulsado por los recortes en la tasa de interés de referencia.

Fitch Ratings reporta que el avance reciente en el portafolio total de la banca fue impulsado casi en su totalidad por los productos de consumo masivo, una tendencia que prevalecerá hasta que se definan las normativas de comercio exterior.

“Estamos viendo desaceleración del crédito, muy empujado por los créditos comerciales y empresariales, naturalmente a la incertidumbre que hay alrededor del tratado comercial. Los bancos se retractan cuando hay periodos de estrés y no necesariamente crecen sus carteras de crédito a una velocidad como lo hicieran en un ciclo normal”, concluye Alejandro Tapia.