Banxico elige “esperar y ver” antes de encaminar su política monetaria en 2026: subgobernador Cuadra

Banco de México (Banxico) perfila un arranque cauteloso en la conducción de la política monetaria durante este 2026. En un contexto de inflación subyacente aún por arriba del rango objetivo, nuevos choques fiscales y comerciales, y una economía que apenas comienza a salir del estancamiento, el subgobernador Gabriel Cuadra anticipó que la Junta de Gobierno del banco central podría adoptar una postura de prudencia desde su próxima decisión.

“Tan pronto como en la reunión de febrero, deberemos adoptar un enfoque de esperar y ver”, afirmó durante su participación en el podcast Norte Económico, del banco Banorte.

El funcionario reconoció que, si bien la tasa de referencia nominal y la tasa real ex ante continúan en niveles restrictivos, ya no se ubican en los máximos “atípicamente altos” observados a inicios de 2025. Sin embargo, subrayó que el entorno inflacionario sigue siendo complejo.

Al cierre del año pasado, la inflación general fue de 3.69%, mientras que la subyacente, la que mejor refleja la tendencia de mediano plazo y que elimina de su cálculo a los bienes y servicios derivados de la energía y alimentos no procesados, se colocó en 4.33%, por encima del intervalo de variabilidad del banco central.

Además, existen diversos choques en los precios de las mercancías durante la primera mitad de 2025 continúan influyendo aritméticamente en la variación anual.

En este sentido, Cuadra explicó que parte del repunte en mercancías no alimenticias obedeció a factores globales, como el adelanto de importaciones en Estados Unidos ante la amenaza de mayores aranceles, lo que presionó los precios internacionales de bienes como medicamentos y productos químicos. En alimentos, el aumento estuvo asociado al encarecimiento previo de materias primas agrícolas a nivel internacional.

Algunos de esos choques ya se disiparon en el margen, pero todavía pesan en la inflación anual”, señaló.

A este panorama añadió las modificaciones al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y la entrada en vigor de nuevos aranceles a bienes provenientes de países con los que México no tiene tratado comercial, factores que Banxico vigila con especial atención.

Cuadra detalló que los productos directamente afectados por los cambios al IEPS representan alrededor de 2.2% de la canasta del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), con las bebidas saborizadas como el componente más relevante, al concentrar cerca de 1.5%.

A partir de 2026, el impuesto específico por litro a bebidas azucaradas aumentó de 1.65 a 3.08 pesos, y por primera vez se extendió a refrescos de dieta y bebidas con edulcorantes distintos al azúcar, con una cuota de 1.5 pesos por litro.

Desde una perspectiva teórica, explicó el subgobernador, este tipo de medidas genera un ajuste único en el nivel de precios, con un impacto transitorio en la inflación mensual y anual.

“Se trata de efectos de una sola vez sobre los precios de los bienes afectados”, sostuvo.

Explicó que en 2014, cuando se introdujo por primera vez un impuesto especial a bebidas azucaradas, los estudios académicos mostraron un traspaso prácticamente completo al consumidor, incluso ligeramente superior al monto del gravamen, pero sin contagio al resto de los precios de la economía.

“No se observaron efectos de segundo orden ni presiones generalizadas”, recordó Cuadra, al destacar que el impacto se concentró en los productos gravados y se disipó después de un año en la inflación anual.

Por otro lado, el subgobernador explicó que su efecto dependerá de la capacidad de cada sector para sustituir insumos o absorber costos en márgenes de ganancia, y que el traspaso a precios podría observarse con retraso debido a los tiempos de transporte internacional.

“Hay una marcada heterogeneidad entre sectores, y el impacto neto dependerá de ese balance”, apuntó.

Para Banxico, el mayor riesgo no es el ajuste inicial de precios, sino la posibilidad de que estos choques alteren el proceso de formación de precios o las expectativas de inflación, lo que obligaría a una postura monetaria más restrictiva por más tiempo.

“Tomará tiempo cerciorarse de que en esta ocasión tampoco se presenten efectos de segundo orden, principalmente en el caso de los aranceles”, advirtió.

Mientras tanto, la autoridad monetaria enfrenta un dilema conocido: una economía debilitada, que habría crecido apenas 0.3% en 2025 y que avanzaría 1.1% este año, según sus previsiones, conviviendo con una inflación subyacente aún resistente.

En ese entorno, Cuadra sintetizó la postura que, por ahora, domina al interior del banco central y señaló que los nuevos choques se presentan cuando la inflación subyacente sigue por encima del límite superior del intervalo de variabilidad.

“Por eso, la cautela es indispensable”, aseguró.