Relación México-Brasil va más allá de la ideología de izquierda o derecha, afirman expertos

Itzel Alaniz y Ángel Velaiz

Dos ideologías y propuestas diferentes se enfrentaron en las urnas de Brasil el 4 de octubre, en donde la población buscó elegir a su próximo presidente: Flávio Bolsonaro o Luiz Inácio Lula da Silva, quien se aproxima a su cuarto mandato.

Los resultados entre ambos candidatos mostró una diferencia de 1.87% a favor del Bolsonarismo. Sin embargo, al no haber llegado al 50% de votación, se realizará una segunda vuelta el 25 del mismo mes.

En un contexto donde Bolsonaro resulte ganador de la presidencia, se configuraría el mapa ideológico de América, que en los últimos años se orienta a movimientos derechistas. Sin embargo, Nicaragua, Cuba, aunque estos no se califiquen puramente como democráticos, Uruguay y México son los únicos países de Izquierda.

Relación México-Brasil

Estos cambios no son aislados ni exclusivos de cada nación, sino que tienen repercusiones a nivel internacional. En el caso de México, la relación entre ambas naciones debe sustentarse en los intereses del Estado y no en las afinidades ideológicas entre sus gobiernos, señaló Dora Isabel González Ayala, internacionalista y coordinadora de Vinculación Internacional en la alcaldía Benito Juárez, en entrevista para Poder México.

En este sentido, explicó que las decisiones fundamentales del gobierno federal en materia de política exterior no pueden estar sujetas a vínculos de amistad ni a la identidad ideológica de quienes encabezan ambos países.

“La política exterior de México no puede ser una política exterior de partido, tiene que ser una política exterior de Estado”, explicó.

Asimismo, consideró que, aunque un cambio de gobierno en Brasil podría generar mayor fricción en el diálogo y una menor cercanía política, las relaciones bilaterales se mantendrían por los costos y beneficios del intercambio comercial.

Pese al fortalecimiento de los lazos comerciales durante el gobierno de Lula da Silva y al acercamiento entre ambas naciones, ambas economías mantienen una relación de competencia.

“Brasil ha tomado ventajas competitivas frente a México en industria, en producción, en academia, en muchas materias”, afirmó González.

En el ámbito económico, ante las posibles implicaciones para Brasil si Bolsonaro llegara a la Presidencia, la internacionalista consideró que el país podría adoptar una política económica más alineada con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Brasil mantiene su línea de crecimiento independientemente del partido político en el poder. Sin embargo, este avance podría darse de manera más paulatina ante las posibles implicaciones de las decisiones de Estados Unidos.

Finalmente, la especialista aclaró que los cambios políticos sí influyen en las relaciones internacionales, pero sus efectos son distintos en cada región.

Por ello, la relación de Estados Unidos con México y Norteamérica no puede analizarse de la misma manera que sus vínculos con Sudamérica, aunque existan elementos comunes.

El avance de Bolsonaro refleja el nuevo reacomodo político de LATAM

América Latina atraviesa un cambio en el mapa político durante los últimos años. Desde 2022, Rodrigo Chaves en Costa Rica; Argentina con Javier Milei en 2023; un año después, en Panamá, José Raúl Mulino; en 2025, Bolivia con Rodrigo Paz y Honduras con Nasry Asfura; mientras que este año, Chile con José Antonio Kast y Perú con Keiko Fujimori.

Estos cambios forman parte de una nueva etapa política en América Latina, en la que varios países eligieron gobiernos con posiciones de derecha o centroderecha después de periodos dominados por fuerzas de izquierda o centroizquierda.

En entrevista para Poder México, David García Contreras, jefe de Carrera de la licenciatura de Relaciones Internacionales de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón de la UNAM, explicó este giro a partir del desgaste de la izquierda, las fallas de los gobiernos y la capacidad de las oposiciones para capitalizar el descontento social.

“Puntos débiles como la lucha contra la corrupción, la inseguridad, la cuestión económica, las enormes deudas, son algo que pesan mucho a algunas personas, sobre todo a las clases medias y clases altas, y que han votado algunas personas tradicionalmente de derecha, pero otras se suman por el descontento”, dijo.

“No es que necesariamente coincidan con la ideología de derecha, no es que necesariamente apoyen a Bolsonaro, sino que están en contra de un gobierno de izquierda, del que no han salido beneficiadas y beneficiados”, explicó.

Las elecciones en Brasil podrían convertir al país en otro territorio dominado por la derecha si Flávio Bolsonaro resulta ganador en la segunda vuelta presidencial. Durante la campaña, las encuestas colocaron a Lula da Silva como favorito por un pequeño margen, aunque también competían otros candidatos que no superaban 3% de los votos.

El resultado de la primera vuelta representó una sorpresa frente a las tendencias que mostraban las encuestas. Sin embargo, Contreras señaló que desde semanas antes se esperaba una contienda cerrada.

“Hay una sorpresa en cuanto a que se pensaba que quien iba a llevar una leve ventaja era Lula, y el que tiene una ventaja ahora es Bolsonaro. Aunque habría que tomar en cuenta que, si bien hay una segunda vuelta, y es como si no hubiera habido elecciones, esta segunda vuelta va solo entre los dos candidatos”, expuso.

La segunda vuelta cambia la composición de la contienda. Los partidos de centro y derecha que quedaron fuera ya no participan, por lo que sus simpatizantes tendrán que decidir entre Lula y Bolsonaro. A juicio de Contreras, este escenario podría favorecer al candidato de derecha.

“A mí me parece que más bien quien tiene mayores posibilidades de tener ventaja es Bolsonaro. Estos partidos que ya no participarán en esta elección, que son de centro y derecha, ahora tradicionalmente van a votar hacia la derecha, que es Bolsonaro. Y en el caso de la izquierda tiene un voto duro que ya está muy marcado, que es muy constante, que son las y los beneficiarios de los programas sociales”, señaló.

A ese escenario se suman los electores indecisos y quienes expresan inconformidad ante problemas como la inseguridad, la inflación y las deudas familiares. Contreras considera que Bolsonaro logró incorporar ese descontento a su estrategia electoral, junto con el discurso contra la corrupción.

El desgaste también alcanza a Lula por su condición de presidente. Sus decisiones enfrentan mayor escrutinio, mientras la oposición cuenta con más margen para cuestionar los resultados de su administración. A esto se suma la edad del mandatario y la falta de una figura política claramente identificada como sucesora.

“Lo está aprovechando muy bien Bolsonaro. Aquí el ser gobierno, el que se trate de un líder que ya rebasa los 80 años, que estaría en su cuarto mandato, que no tiene alguien, una figura política importante que pueda ser su sucesor o sucesora notorio, eso hace que se debilite un poco el partido, el conjunto en particular, la coalición de izquierda, y que más bien el acento venga por parte de la derecha”, explicó.

La generación de los Bolsonaro llegó para quedarse

El avance de la derecha brasileña no se limita a Flávio Bolsonaro, sino que engloba a distintos integrantes de su familia. La presencia de varios de ellos en la política permite hablar de una continuidad que podría trascender una sola elección.

“Brasil ya llegó para quedarse esta generación de los Bolsonaro, puesto que ya su mamá impulsó como senadora, uno de sus hermanos también entró como diputado, y su papá que está ahora en arresto domiciliario, pero que si él llega al poder podrá indultarlo, hace que toda esta generación de políticas y políticos que tengan que ver con los Bolsonaro tengan ya una presencia en la política brasileña”, sostuvo.

Esta presencia familiar, argumentó Contreras, fortalece al movimiento más allá de la candidatura presidencial. La derecha también ganó terreno en el Congreso y en algunos gobiernos estatales, lo que le proporciona una estructura política que no depende únicamente de la Presidencia.

“Por lo tanto, hay una especie de continuidad, y que eso haga que el movimiento vaya creciendo, eso es a nivel interno. Ya si le sumamos lo internacional, se está robusteciendo mucho la derecha, de manera tradicional, porque siempre ha existido, es parte de lo que pasa en los diferentes países, y Brasil no es la excepción”, añadió.

Los cambios ideológicos responden a un proceso cíclico. El desgaste de un gobierno, no solo brasileño, abre espacio para nuevas fuerzas políticas, que aprovechan las inconformidades y presentan una alternativa frente a la administración en turno.

“Sí tiene que ver con la coyuntura del desgaste de la izquierda, y de las inconformidades que ha sabido capitalizar Flavio Bolsonaro. Va a crecer una generación con simpatía, si fue quien votó por ese partido, pero al cabo de un tiempo, entre el ejercicio de gobierno, las críticas que hace la oposición, entonces en ese sentido sería una izquierda, lo que hace es desgastar de nuevo la figura”, explicó.

Una nueva ola de gobiernos de derecha

El avance de la derecha brasileña no se encuentra aislado del panorama internacional. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, es una clara influencia de esta tendencia en un momento en el que varios países dejaron atrás gobiernos de izquierda o centroizquierda.

El inicio del siglo XXI estuvo marcado por una expansión de gobiernos de izquierda en América Latina, con Hugo Chávez en Venezuela como uno de los principales referentes. México también formó parte de esa transformación, aunque se incorporó posteriormente.

“Si el siglo XX inició con una nueva ola de las izquierdas que justo encabezaba en ese momento Hugo Chávez desde Venezuela, y se empezaron a multiplicar los países de izquierda con México como uno de los mayores países, y de los últimos con llegar a la izquierda, ahora estamos hablando de estos ciclos que mencionábamos, y ahora parece que hay una ola en donde suelen encaminarse a la derecha”, explicó.

Desde esta perspectiva, los ciclos de alternancia y el desgaste de los gobiernos favorecen a las oposiciones, que encuentran en las fallas de las administraciones una oportunidad para ganar respaldo.

“Uno de los factores centrales es Donald Trump. Este ha sido uno de los factores que ha influido a la política internacional en los últimos años, y también para apuntalar a los gobiernos que simpatizan con él. Los países que han crecido en cuanto a derecha, incluso ultraderecha, sí ha sido notorio”, mencionó.

Sin embargo, aunque Venezuela encabezó la ola izquierdista y el chavismo aún permanece en el poder, Contreras explicó que el gobierno de Delcy Rodríguez representa un giro más moderado hacia el centro y una mayor convergencia con los intereses de Estados Unidos, principalmente a partir de acuerdos relacionados con el petróleo.

En Brasil, un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro también podría modificar la política exterior. Entre los posibles cambios está una revisión de la relación con los BRICS, grupo en el que Brasil mantiene vínculos con China y Rusia.

“A nivel internacional se sumaría a los países que han girado a la derecha, con Estados Unidos a la cabeza, y que a lo largo del continente ya solamente quedarían países de izquierda, donde estaría México, en donde estaría Uruguay, y en donde estaría Nicaragua y Cuba, pero con la debilidad que tienen en estos momentos estos gobiernos de izquierda”, señaló.

Aunado a ello, el Poder Judicial también atravesaría transformaciones en la designación de ministros y en la composición política del Congreso, escenario que facilitaría la aprobación de algunas propuestas de campaña.

La Amazonía, otro punto de tensión

Los temas ambientales se discutieron mucho entre la población brasileña en un escenario donde Bolsonaro quedara como ganador. En su mandato, la política ambiental también podría cambiar con mayor participación de la iniciativa privada y de la inversión extranjera en la explotación de recursos naturales representaría una diferencia frente a la política ambiental que Brasil ha impulsado en foros internacionales.

“A mí me parece que se privilegiaría el acceso a la iniciativa privada, a la explotación de estos recursos, a la inversión extranjera, que es algo que ha cuidado mucho la izquierda, y sería un cambio que podríamos ver notorio en la política de promoción del medio ambiente, que Brasil ha destacado a nivel internacional en los foros multilaterales”, explicó.

Una mayor explotación de los recursos de la Amazonía, desde esta perspectiva, podría generar impactos negativos para el medio ambiente, ya que la región concentra alrededor de 10% de las especies conocidas del planeta, almacena entre 150,000 y 200,000 millones de toneladas de carbono y aporta cerca de 20% del agua dulce líquida del mundo.

La segunda vuelta puede cambiar el resultado de una elección

A diferencia de México, algunos países de América Latina utilizan un sistema de segunda vuelta para definir la Presidencia.

En México, el candidato con más votos obtiene el triunfo en una sola jornada. No existe la obligación de alcanzar 50% más uno. En los países con segunda vuelta, la legislación establece un porcentaje determinado y, cuando ningún candidato lo alcanza, los dos con mayor votación pasan a una nueva elección.

El mecanismo permite que los votos de quienes quedaron fuera se reacomoden entre las dos opciones finales. También abre un nuevo escenario para los indecisos.

“Se debe a los sistemas electorales, son diferentes tipos de sistemas electorales, cada país establece el suyo, tiene que ver con la historia, con la forma en que se organizan las leyes del juego para las elecciones. En el caso de México, lo que se hace es que quien tenga la mayoría gana en las elecciones, pero la segunda vuelta consiste en 50% más uno”, señaló Contreras.

Entre los países latinoamericanos que contemplan segunda vuelta presidencial están Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Perú y Uruguay, aunque los requisitos cambian según la legislación de cada país.

Para Contreras, este mecanismo permite construir una mayoría más amplia antes de definir al ganador, aunque también prolonga el proceso electoral.

“A mí me parece que todavía es un poco más perfeccionado, más desgastante sí, está la expectativa mayor sí, pero les funciona muy bien en términos generales y es propio de lo que está en las leyes, en sus leyes”, expuso.

Por ello, una ventaja en la primera vuelta no garantiza el triunfo final. El resultado puede cambiar cuando los votantes de los candidatos que quedaron fuera deben elegir entre las dos opciones restantes.

“Hay una frase que dice que la primera vuelta es una elección y la segunda es otra elección, es decir, no podríamos pensar que ya es un hecho que Bolsonaro va a ganar, porque todavía podrían suceder algunas cosas, incluyendo un escándalo político. Si saliera un escándalo político en los siguientes días, se viene abajo cualquier candidatura, incluyendo la que fuera más adelante”, dijo.

El otro lado del giro político: las protestas sociales

El avance de la derecha ocurre en paralelo con movilizaciones sociales contra algunas de las políticas de los gobiernos que han llegado al poder. En Argentina, las protestas contra los recortes presupuestarios para las universidades y las movilizaciones de jubilados colocaron el gasto público y las políticas sociales en el centro de la discusión. Chile también registra movilizaciones relacionadas con los recortes a los presupuestos educativos.

Esta situación muestra una constante en los ciclos políticos de la región: los problemas que provocan el desgaste de un gobierno pueden reaparecer con una administración distinta.

Un gobierno puede perder respaldo incluso cuando cumple parcialmente sus objetivos. La oposición encuentra en aquello que quedó pendiente un argumento para cuestionar la gestión y atraer nuevos votantes.

Contreras ejemplificó este proceso con la inflación: una administración puede prometer reducirla hasta 2% y conseguir una disminución hasta 4%. Aunque exista una mejora, la diferencia entre la promesa y el resultado puede convertirse en un argumento político.

“Ser oposición es muy cómodo, ser oposición te permite diseñar estrategias en donde puedes criticar casi todo, todo, pero ser gobierno es no solamente ejecutar toda la tarea que tiene que ver con administrar y hacer política, sino hacerlo bien. Y en ese hacerlo bien hay mucha diferencia en donde puedes no estar de acuerdo en unos sectores respecto a la eficacia”, explicó.

Las necesidades de la población y las protestas sociales también pueden convertirse en herramientas para las oposiciones, que las incorporan a sus discursos en busca de respaldo electoral.

“Toda crítica de la oposición que es más cómoda, sea de derecha o de izquierda, va al final minando y va haciendo su campaña para desprestigiar, y va ganando votantes y adeptos, de la gente que dice, efectivamente, yo me quedé sin trabajo en estos cuatro años, y entonces va sumando a esas personas que se van inconformando”, sostuvo.

Así, el cambio de una ideología a otra no necesariamente resuelve los problemas que provocaron el desgaste del gobierno anterior. Las mismas demandas pueden reaparecer bajo una nueva administración y abrir otro ciclo de inconformidad.

“Es propio de cualquier país, al final es una evaluación que hacemos las y los electores con base en lo que nos informamos, que nos presentan los medios, y lo que hacen de campaña los candidatos y las candidatas”, concluyó.

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