La maternidad está condicionada al desempeño económico.

Itzel Alaniz

Actualmente, la maternidad ya no ocupa necesariamente una meta en los proyectos de vida de las nuevas generaciones. Algunas mujeres la aplazan mientras buscan estabilidad económica; otras simplemente deciden no tener hijos. Pero entre ambas decisiones existe una realidad demográfica presente: la fecundidad disminuye.

En septiembre, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó la Encuesta Intercensal (EIC) 2025, cuyos resultados mostraron una disminución en la fecundidad de las mujeres en México. En la capital del país, la Tasa Global de Fecundidad se ubicó en 0.8 hijas e hijos por mujer en 2024, el nivel más bajo entre las entidades del país.

Este dato no significa literalmente que cada mujer tenga ocho décimas de hijo, sino que representa un promedio estadístico. Es decir, por cada 10 mujeres de 15 a 49 años, nacen ocho hijos en promedio. La cifra permitió observar que las mujeres tienen, en promedio, menos descendientes que en años anteriores.

Uno de los factores relacionados con esta disminución tiene relación con las condiciones económicas. Actualmente, una mujer puede cuestionarse el deseo de tener hijos y contrastarlo con la posibilidad de garantizarles una vida estable, mientras también considera sus propios proyectos. Es decir, una decisión más consciente mientras cuestionan su contexto.

Las voz de las generaciones

En este sentido, Poder México realizó entrevistas a jóvenes de la Ciudad de México y del Estado de México para conocer su opinión sobre el tema.

Ximena Carrasco no contempla tener hijos. Para ella, la decisión parte de una pregunta sobre las condiciones que puede ofrecerse a sí misma y, en consecuencia, a otra persona.

“Si no puedo proveerme lo suficiente a mí, mucho menos podría hacerlo para otra persona. Tener un hijo implica un desgaste físico, mental y económico muy grande, desde el embarazo y el parto hasta la alimentación, la educación, la salud, la ropa y todos los gastos que aparecen durante su crecimiento”, explicó.

La preocupación por cubrir esas necesidades también apareció entre quienes todavía consideran la maternidad. Karina Vega aún no decide si quiere tener hijos, pero reconoce el peso de la situación económica en esa posibilidad.

“Cada año la situación económica se vuelve más complicada. La inflación y todo lo que implica tener un bebé hacen que te preguntes si realmente puedes darle todo lo que necesita o solamente lo básico. Por eso la economía tiene mucha importancia en mi decisión”, señaló.

Disminución de pobreza no es la solución

Alejandra Macías, economista e investigadora especializada en cambio demográfico y finanzas públicas e integrante de la Comisión Independiente para la Igualdad con Justicia Fiscal, consideró que esta percepción tiene sustento. Desde su perspectiva, los ingresos de los hogares y la reducción de la pobreza no eliminan las dificultades que enfrentan las personas ante el aumento desigual de los precios de bienes esenciales.

La vivienda representa uno de esos problemas. Para Karina, conseguir un espacio propio también forma parte de la decisión de tener hijos.

“Es muy difícil encontrar una casa y comprar un departamento puede parecer imposible. También están los gastos del bebé y después la guardería, que cada año representa una cantidad importante. Los salarios apenas alcanzan para cubrir una parte y vivir con la familia de tu pareja también puede generar problemas”, contó.

Alejandra explicó que la vivienda y el empleo estable forman parte de las condiciones materiales que influyen en las decisiones reproductivas. Para una persona joven, conseguir trabajo, pagar una renta, ahorrar y cubrir sus gastos actuales puede dificultar la posibilidad de asumir una responsabilidad económica de largo plazo.

Sin embargo, la economista advirtió sobre la disminución de la fecundidad como un fenómeno que no responde únicamente a una precarización de las condiciones de vida.

“Las mujeres trabajan más, toman decisiones sobre cuándo y cuántos hijos quieren tener y también existen cambios en las expectativas de vida. No es que no tengan hijos, pero también van aplazando”, explicó.

Para contrarrestar las dificultades que atraviesan los jóvenes, Alejandra se mantuvo convencida sobre la falta de mayor participación juvenil en la vida pública y política del país, un cambio que forma parte de las transformaciones en las expectativas de vida y en las decisiones que toman sobre su futuro.

La búsqueda del equilibrio

Amalia Hernández representa una de esas decisiones todavía abiertas. Ella considera tener hijos, pero relaciona esa posibilidad con la situación económica, la estabilidad de pareja y las condiciones del país.

“Quiero tener una vida estable para poder ofrecerle una buena vida a un hijo. Para mí eso significa tener un buen salario y no tener que trabajar todo el tiempo para poder mantenerlo. También pienso en la estabilidad con mi pareja y en las condiciones de seguridad que existen actualmente”, indicó.

La posibilidad de combinar maternidad y trabajo también forma parte de la preocupación. Alejandra explica que las mujeres pueden enfrentar consecuencias laborales después de tener hijos, sobre todo cuando una ausencia temporal afecta su trayectoria profesional o sus ingresos.

Como una posible alternativa, planteó la necesidad de distribuir las tareas de cuidado entre las familias, el sector público y las empresas. De acuerdo con su explicación, la maternidad no solo implica el costo directo de criar a un hijo, sino también las consecuencias que puede tener para la trayectoria laboral de quien asume una mayor parte de los cuidados.

Alicia Cobos sí quiere ser madre. Su intención es tener un hijo, pero consideró indispensable alcanzar antes una estabilidad económica que, destacó, todavía no tiene.

“Quiero tener un hijo y disfrutar la maternidad, pero no siento que actualmente tenga la estabilidad económica necesaria para darle una vida digna. No me parecería responsable tenerlo si no cuento con los recursos para cubrir sus necesidades, porque su vida dependería de las decisiones y posibilidades de sus padres”, afirmó.

Para Alicia, el problema también aparece en el mercado laboral. La falta de empleos estables, salarios suficientes y prestaciones puede hacer más difícil ejercer una maternidad que ella considera deseada.

Paola Vázquez también quiere tener hijos, aunque reconoce que el contexto actual puede generar dudas. En su caso, considera que el dinero no explica por sí solo la reducción de la fecundidad.

“Me gustaría tener hijos, pero el panorama social actual también me hace pensarlo. Creo que las condiciones económicas pueden influir, pero no son la única razón. Actualmente muchas mujeres también priorizan su desarrollo profesional, sus proyectos personales y otras formas de construir su vida antes de pensar en la maternidad”, explicó.

La experta consultada coincidió en el peso de las transformaciones sociales sobre las expectativas alrededor de la maternidad. Las nuevas generaciones cuentan con otras posibilidades antes de formar una familia, como estudiar, viajar, desarrollar una carrera o construir proyectos personales.

La especialista también consideró que las mujeres tienen mayor autonomía para decidir sobre su vida reproductiva. Por ello, el descenso de la fecundidad no puede explicarse únicamente desde la falta de dinero.

Ximena también relacionó su decisión con factores que van más allá de la economía. Entre sus preocupaciones menciona la salud física y mental, el cambio climático, la desigualdad de género y las condiciones sociales.

“Hay muchas razones para que las mujeres desistan de tener hijos. Tenemos más herramientas para informarnos, estudiar y decidir sobre nuestra salud reproductiva, pero también enfrentamos desempleo, vivienda muy cara, desigualdad de género y un contexto social que genera mucha incertidumbre. Todo eso también pesa cuando pensamos en nuestro futuro”, afirmó.

Isabel Sandoval, por su parte, sí contempla tener hijos y considera que la responsabilidad económica forma parte de esa decisión, aunque no la determina por completo.

“Sí quiero tener hijos porque quiero formar una familia, pero también entiendo que tener un hijo implica una responsabilidad a largo plazo. Hay gastos que deben cubrirse y, por eso, quien decide tenerlos debe considerar si cuenta con las condiciones necesarias para hacerlo. Aún así, creo que la decisión también depende de los valores y del deseo personal de formar una familia”, dijo.

Para la analista, dichas diferencias muestran por qué la disminución de la fecundidad no puede atribuirse a una sola causa. Las decisiones reproductivas también dependen de los proyectos personales, las condiciones laborales, la vivienda, las relaciones de pareja, las expectativas sobre la maternidad y la autonomía de las mujeres.

La especialista señaló que México atraviesa una transición demográfica que también tendrá consecuencias en los próximos años. Una población con menos nacimientos puede modificar la relación entre las personas en edad laboral y quienes lleguen a la vejez, además de aumentar las necesidades de atención médica, cuidados y pensiones.

Por ello, consideró que la discusión no debe centrarse en presionar a las mujeres para tener hijos.

“La solución no es que las mujeres tengamos hijos. Es qué hacemos para vivir con esta realidad y con la probabilidad de que esa tasa de fecundidad caiga todavía más. Tenemos que pensar cómo vamos a responder ante una población más pequeña y con más personas mayores, y qué condiciones vamos a necesitar para garantizar cuidados, salud y pensiones”, plantea.

La reducción de la fecundidad, agregó, no puede calificarse por sí misma como positiva o negativa. El reto está en reconocer el cambio demográfico y pensar cómo responder ante él.

“El que aumente o disminuya la fecundidad no creo que lo podamos clasificar como bueno o malo. Eso es lo que está sucediendo. Es una realidad que está pasando, y la pregunta es qué vamos a hacer. Ya está aquí”, concluyó.

Este fenómeno no es exclusivo de la Ciudad de México, ya que a nivel mundial existe una disminución de la fecundidad en un contexto donde, en algunos países, la economía es inestable, crecen las tensiones políticas y el cambio climático resulta cada vez más evidente.

La disminución de la fecundidad muestra un cambio en la manera en que las nuevas generaciones construyen su proyecto de vida. La decisión de tener hijos siempre ha sido compleja, pero ahora se cuestiona con mayor detenimiento, debido a que la maternidad ya no representa la alternativa principal, o única, que una mujer debe atravesar.

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